domingo 2 agosto 2026 - 17:27
El Arbaeen es fruto del mensaje permanente de la honorable Zaynab (P); la vitalidad científica es el único camino para responder a las dudas

Hawzah/ El ayatolá Yavadí Amolí afirmó: El movimiento del Arbaeen es fruto de aquel mismo mensaje perdurable expresado por la Dama Zaynab al-Kubra Zaynab al-Kubra, quien declaró: «Nosotros no podemos ser silenciados».

Según informa la Agencia de noticias Hawzah, el ayatolá Yavadí Amolí, durante un encuentro con Hojjat al-Islam wal-Muslimin Gholamhossein Mohseni Ejeí, jefe del Poder Judicial, en la ciudad de Damavand, al referirse a la llegada de los días del Arbaeen del Imam Hussain, consideró este gran movimiento como fruto de la cultura de «Ya Hussain» y del mensaje eterno de Hazrat Zaynab al-Kubra —que la paz sea con ella—, y declaró: «El movimiento del Arbaeen es producto de aquel mismo mensaje permanente mediante el cual Hazrat Zaynab al-Kubra afirmó: “Nosotros no podemos ser silenciados”».

Este jurisconsulto islámico continuó: «Las palabras de Hazrat Zaynab —que la paz sea con ella— en Kufa no fueron simplemente palabras sobre el llanto y la tragedia; fueron un discurso profundo, pronunciado frente al pensamiento desviado del determinismo. Cuando Ubayd Allah ibn Ziyad le preguntó: “¿Viste lo que Dios hizo con tu hermano?”, o cuando afirmó: “Dios mató a Ali ibn al-Hussain en Karbala”, no se estaba hablando de mí, de nosotros, de los omeyas ni de cuestiones semejantes; se estaba hablando de Dios y, en realidad, desde una posición determinista».

Añadió: «Hazrat Zaynab respondió: “No he visto sino belleza” (Ma ra’aytu illa yamila). Esto significa que la obra de Dios es bella, pero que ustedes son los asesinos; fueron ustedes quienes martirizaron a Ali ibn al-Hussain. De este modo, ella derrotó el pensamiento determinista de los omeyas y explicó la verdad del libre albedrío y de la responsabilidad humana».

Al referirse a cuatro décadas de labor científica dedicada a la exégesis del Sagrado Corán, el ayatolá Yavadí Amolí señaló: «Este gran y arraigado seminario ha trabajado durante cuarenta años en la interpretación del Corán, gracias al esfuerzo de cuatro generaciones de estudiantes y profesores de ciencias religiosas; cada generación dedicó diez años de trabajo ininterrumpido y sin precedentes».

«Si la exégesis Tafsir al-Tasnim se prolongó durante tantos años —explicó— fue debido a la presentación de nuevos temas científicos, así como a las nuevas preguntas e interrogantes que surgieron a lo largo de este período».

Este jurisconsulto continuó: «Frente a cada dificultad y cada cuestión, estas generaciones sucesivas hicieron todo lo posible y respondieron a las objeciones planteadas. Por tanto, este proyecto exegético no fue realizado únicamente por una persona. No se trata de una fórmula de cortesía, sino de una verdad evidente: esta obra es fruto del esfuerzo colectivo del seminario religioso».

Subrayó: «El seminario religioso debe estar siempre preparado para responder a las dudas, las críticas y las nuevas preguntas. Solo podrá cumplir esta función si conserva su carácter integral y su vitalidad científica. Por ello, es necesario que fundamentos y principios esenciales como el principio de la libertad originaria (asalat al-hurriya) y otras bases relacionadas sean enseñados y explicados científicamente en los seminarios religiosos».

El ayatolá Yavadí Amolí también se refirió al lugar que ocupa el conocimiento de lo oculto en la jurisprudencia islámica y declaró: «El conocimiento de lo oculto no constituye una base válida para emitir sentencias judiciales en la jurisprudencia islámica. Por esa razón, los Imames infalibles —que la paz sea con ellos—, pese a poseer conocimiento divino, al ejercer la función judicial dictaban sentencia basándose en pruebas y juramentos, tal como se afirma: “Solo juzgo entre ustedes sobre la base de pruebas y juramentos”».

Añadió: «Si alguien se apropia de un derecho mediante un falso testimonio, en realidad está preparando el fuego para sí mismo. Sin embargo, los juicios se emiten sobre la base de las pruebas aparentes y de las normas establecidas por la religión».

En otra parte de sus declaraciones, el ayatolá Yavadí Amolí consideró la amplia y sacrificada presencia del pueblo en los escenarios de defensa de la Revolución Islámica y del país como una manifestación de la ayuda divina. Citando el versículo coránico:

«Él es quien te fortaleció con Su auxilio y con los creyentes»

(Corán, 8:62),

declaró: «Dios, el Altísimo, moviliza a los creyentes para que apoyen Su religión. La presencia consciente de hombres, mujeres, jóvenes y de los distintos sectores de la sociedad constituye una manifestación del auxilio divino».

«El mismo Dios que en los primeros tiempos del islam concedió grandes victorias —continuó— también hoy tiene poder para ayudar al pueblo creyente. En la batalla de Badr, ni los musulmanes esperaban obtener la victoria ni los enemigos imaginaban que serían derrotados; sin embargo, la voluntad divina determinó que Su promesa se cumpliera».

Al final de sus palabras, el ayatolá Yavadí Amolí honró la memoria de todos los mártires del islam y de la Revolución Islámica, especialmente la del líder mártir, y pidió a Dios Todopoderoso que los reúna junto a los mártires de Karbala.

Asimismo, suplicó que conceda éxito a quienes sirven al sistema islámico en la protección de este depósito divino, para que logren entregar esta bandera a su verdadero dueño, Hazrat Wali al-Asr —que Dios apresure su gloriosa aparición—.

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